martes, 29 de agosto de 2017

It starts with one thing…

Me invitó a verlo tocar. Llegamos juntos al bar y me presentó a sus amigos y a los miembros de la banda, pedimos cervezas y nos pusimos a charlar un poco sobre música. Estaba nerviosa.

La noche transcurría mientras otra banda se presentaba, hasta que llegó su turno. Subieron al escenario, prepararon los instrumentos y comenzaron a tocar. Parte del repertorio estaba integrado por algunas de mis rolas preferidas. Cruzámos miradas ocasionales.

La banda hizo una pausa y bajaron del escenario por un rato. Regresó a mi lado y me preguntó si me gustaba lo que escuchaba, respondí que sí, que interpretaban los “covers” chido y  sonaban bien. 

Le pedí que me dijera que seguía en su repertorio y me dijo que era sorpresa, pero me susurró al oído que tocarían “In the end” y luego me pidió que no comentara nada. Me sentí emocionada pues es de mis canciones preferidas, me recuerda una etapa interesante en mi vida. 

Días antes habíamos platicado sobre Linkin Park.

Después de darle un trago a nuestras cervezas, empecé a tararear la canción, me dijo que a él le tocaba interpretar la parte del rap y comencé a cantarla en voz baja, me siguió. Nos volteamos a ver instintivamente mientras cantábamos, su mirada era intensa. Yo había olvidado parte de la canción y él me guió para que pudiéramos terminarla.

Bebimos un poco más de cerveza y me dijo que era hora de regresar al escenario. Esperé ansiosa la canción mientras tocaban otros clásicos del rock.

Sonaron los primeros acordes, nos buscamos con la mirada, yo seguía la letra desde la mesa, me seducía su forma de tocar y sentir la música.

Pocas veces se conecta musicalmente con alguien de esa forma, intensamente.

Al final me dijo: ¡Gracias por ir, me hiciste feliz!


Kira