martes, 27 de septiembre de 2016

Un sábado entre bemoles y sostenidos

El piano es el instrumento que me ha acompañado a lo largo de mi vida, desde que tengo memoria.

Conocí el piano a través de "Para Elisa" de Ludwig van Beethoven, pieza que mi mamá tocaba eventualmente. 

Desde los 5 años, me inculcaron el amor por la música y este instrumento. Mi mamá solía sentarme al piano a practicar alguna lección del "método rojo" (Thompson), como le decía, y sí sacaba la pieza, me dejaba colorear los dibujos de las partituras. 

A lo largo de mi vida, siempre conviví con músicos, pianistas, para ser exacta. Me gustaba escucharlos ensayar.

Hace unos días tuve la oportunidad de acompañar como oyente, a una tía pianista, muy talentosa, a una clase con el Mtro. Mauricio Náder, prodigio. Los interpretes presentaban alguna pieza que tenían preparada, el Maestro los escuchaba y los corregía. ¡Qué manera de dominar los conocimientos musicales!

Los alumnos se mostraban receptivos, un tanto nerviosos. Tomaban notas y ponían en práctica lo que el Maestro les sugería, corrigiendo y perfeccionando la obra.

Ha sido fascinante ver con que pasión y paciencia comparte sus amplios conocimientos musicales.

Esta experiencia me permitió entender más el piano y al pianista. Tocar el piano no es solo interpretar una partitura, es pasión, sentimiento y mucha expresión corporal.

Podrán tocar la misma pieza veinte mil pianistas en el mundo, pero cada uno le imprime sello y estilo propio, haciendo suya la pieza, transmitiendo lo que les hace sentir y pensar. 

Fue una tarde de deleite, escuchando perfectas obras de grandes músicos. La mejor parte fue, sin duda, compartir mis impresiones con el Maestro y los músicos.


Dedicado a mi mamá Maribel y a mi tía Marilú Niño.


Kira