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jueves, 8 de abril de 2021

Hablar de mi forma de vestir también es MACHISMO

Como mujer, a lo largo de mi vida, y creo que todas se podrán identificar un poco, he experimentado distintas formas de crítica, sin mencionar los abusos físicos, por mi forma de ser, vestir, peinar, maquillar, pensar, etc… y conforme he crecido y madurado, esos comentarios han dejado de importarme. 

Pero hoy quiero no quiero quedarme callada.

 

Recientemente llegué a mi habitual clase de tenis con una falda nueva de marca conocida, talla S (como todas mis faldas y shorts), más larga de lo usual (unos 5cm sobre la rodilla, quizá), plisada, azul añil con detalles blancos; al darse cuenta, algunos, incluyendo hombres, se me acercaron para "chulearla", pero hubo quién se sintió con el derecho de decirme como debo vestir: alguien a quien creía de mente abierta por haber vivido en un país más liberal, por ser estudiado y leído, me hizo un comentario de mal gusto.


- Ése es el largo ideal que deben usar las mujeres.

 

A este comentario surgieron diferentes respuestas de las mujeres que nos encontrábamos en la cancha, le dije que se había visto súper machista con su comentario, a lo que respondió: “ésa no era mi intención, solo quería instruirte”.

 

¿Instruirme en qué? ¿En cómo debo vestirme para que tu vista, o tu moral recatada no se ofenda? ¡Wow! Según recuerdo, en los partidos de tenis profesional que he visto en la televisión, las tenistas usan faldas, shorts o vestidos mucho más cortos de los que tengo. O en las mismas olimpiadas, la ropa de deporte tiende a ser corta.

 

En alguna ocasión también hizo algún comentario sobre el largo de mi cabello. Ni siquiera mis padres me han hecho ese tipo de comentarios.

 

Pueden pensar que estoy dándole demasiada importancia a esto, y aunque así sea, es para mostrar que esto también es machismo; es una queja, no solo en contra de él, sino por todos los hombres y mujeres, que creen tener el derecho a decir que hacer con nuestro cuerpo, como vestir y comportarnos, si debemos o no maquillarnos, si les gusta el cabello largo, corto, suelto, pintado…

 

Es cierto que existe el dicho “de la moda lo que te acomoda”, pero no quiere decir que alguien más nos tenga que instruir, a menos que nosotros pidamos su opinión.

 

Los que me conocen saben que soy una mujer que no viste vulgar, considero que sé usar un escote o una prenda inferior corta. También saben que no suelo darle gusto a los demás, no sigo las reglas, me salgo de lo cotidiano, no me defino en los estándares que la sociedad impone.

 

Hoy, más que nunca, me siento cómoda con mi cuerpo, me gusta mi forma de vestir, yo decido si me dejo el cabello corto o si lo dejo crecer, si no me maquillo, si uso escote o ropa corta, si me tatúo o me opero, si me hago una perforación, si subo una foto en bikini o con burka.


Así es que, por favor, déjennos ser. Y si se sienten ofendidos por como nos vemos, no nos vean; por como pensamos y lo que decimos, no nos escuchen; por como actuamos, aléjense.


Gracias.

jueves, 13 de febrero de 2020

Los libros también se leen en grupo

Mi vida en CDMX había sido muy intensa, ocupada, acelerada, magnífica, artística… tenía el trabajo ideal, iba a museos y al teatro, conciertos de mis artistas favoritos, los mejores eventos culturales, artísticos y deportivos, convivía con mi familia paterna, e hice grandes amigos. Sin embargo, el ritmo de vida no me permitía leer con tanta frecuencia. Pero el año pasado me vi en la necesidad de mudarme a Chiapas, esto me causaba temor e incertidumbre pues todo me parecía extraño y ajeno, incluso la gente que conocía. Así es que decidí retomar algunas actividades, como entrenar tenis, y buscar otras para hacer que mi regreso fuese más fácil de asimilar.

Fue así como conocí a “Lecticultores”, pero ¿qué es Lecticultores? Un club de lectura. Había escuchado hablar de estos clubs y nunca pensé que llegaría a formar parte de uno porque, como dice mi Abuela paterna, "soy muy mamona con mis gustos literarios" y me causaba conflicto leer algo que no hubiera sido elegido por mí (sí, alguna vez tuve conflictos en mis clases de literatura por eso), pero decidí arriesgarme a conocer esta dinámica. ¿Qué podía perder?

Mi primera reunión con ellos fue hace un año, el 13 de febrero de 2019, en la cafetería del Fondo de Cultura Económica “José Emilio Pacheco”, se discutiría “La tregua” de Mario Benedetti. Lo había leído un par de años antes y lo recordaba perfectamente y con gran nostalgia y cariño, pues fue una lectura muy especial, no solo porque una amiga muy querida y yo empezamos a leerlo el mismo día sin haberlo planeado, sino porque la edición que leí pertenecía a la vasta biblioteca de mi papá y tenía una bella dedicatoria de él para mi mamá de un año antes de mi llegada.

¡Qué agradable sorpresa me llevé esa noche! Me encontré con un grupo de gente de distintas edades y profesiones unidos por el gusto a la lectura. Admito que al principio me sentí un poco temerosa e insegura, pues no sabría si encajaría, pero rápidamente me di cuenta de que había llegado al lugar ideal, sintiéndome cómoda y acogida.

La conversación empezó a fluir fácil y cálida, me sorprendía el nivel de detalle con el que comentaban algunos elementos del texto, los datos que compartieron sobre el contexto de la novela y del autor, las diversas opiniones que el libro generó.

Sin darnos cuenta pasamos de “La tregua” a hablar de música, política, religión, deportes, matemáticas… opinamos, escuchamos, discutimos miles de temas, ideas, compartimos comentarios, debatimos siempre con respeto y tolerancia, acompañados de una buena taza de café o un delicioso y aromático té. Recuerdo que pensé emocionada: “¡Wow! Tengo tanto que aprender de ellos”.

Ah, sí, desde 2018 tengo una gran pila de libros pendientes por leer (algunos los compré, otros fueron regalos de cumpleaños), porque el año pasado leí 18, entre los propuestos por los miembros del club y algunos de gusto personal; reencontré y retomé mi ritmo de lectura perdido, me aventuré por géneros que no habría leído por mi cuenta y conocí nuevos autores, especialmente latinoamericanos, fue un año de descubrimientos literarios, un año que me ha regalado gente maravillosa que tiene tanto que aportar y enseñarme, gente muy valiosa con la que puedo compartir infinidad de gustos en común.

Y bueno, como era de esperarse después de vernos cada jueves, pasamos de hablar de libros a ir al cine, viajar algún de fin de semana por los alrededores, asistir a conciertos y obras de teatro, salir a cenar, tomar vino, y otras actividades que nos han permitido formar lazos fuertes y sólidos, hoy convertidos en amistad.

Lecticultores ha aportado tanto a mi vida, la llena de letras, de alegría, de momentos mágicos e inolvidables, se convirtieron en familia. ¡Gracias por este año, secta lectora! Los quiero.


María José


martes, 12 de junio de 2018

Hablando de Política

Recientemente, por cuestiones políticas, alguien a quien consideraba importante en mi vida me dejó de hablar y privaron de su trabajo a un familiar muy querido para mí. Estos acontecimientos han hecho que el siguiente pensamiento ronde constantemente por mi mente: la política saca lo peor de nosotros.

Por todos lados se lee, escucha y ve mucho odio y resentimiento. Nos burlamos e insultamos a los demás porque creemos tener la verdad absoluta. “Discurso de Odio”, le llaman.  No somos mejores, ni más inteligentes que el resto por votar por X o Y. Todos somos iguales con condiciones y oportunidades diferentes.

Tenemos derecho de expresar lo que pensamos y sentimos, y debatir temas es delicioso y enriquecedor. Sin embargo, existe gente que se ofende y toma de forma personal las opiniones ajenas  y otros que se esmeran en intentar cambiar la forma de pensar de los demás.

No podemos ver a la política como una forma de dirigir nuestra vida, nuestras relaciones sociales, nuestras acciones, etc. Nos enojamos, peleamos con otros, criticamos, pero ¿qué estamos ganando?

Cuando la gente habla o escribe sobre política deja ver un poco de su educación, valores, forma de sentir y pensar, muchos me han decepcionado. Y sí, esto también es una autocrítica para mí.

Las diferencias de pensamiento y opinión son parte de la riqueza del ser humano y del mundo al que pertenecemos. No existirían tantos inventos que nos han mejorado la vida, diferentes géneros musicales y literarios, expresiones artísticas, deportes... hasta partidos políticos, de no ser por el pensamiento variado y libre.

Creo que la política es una buena forma de practicar la tolerancia y el respeto hacía el derecho y la libertad que tenemos de pensar y expresarnos de forma diferente.

No importa quien llegue al poder y como lo haga: si fue elegido por nosotros o impuesto, al final los políticos se reirán de nosotros y las cosas en México no cambiarán si no empezamos por ser más solidarios, tolerantes, respetuosos entre nosotros mismos y nuestro entorno.


Y bueno, terminaré citando esta gran frase, para que reflexionemos un poco sobre la Libertad de Expresión: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.”, The Friends of Voltaire, Evelyn Beatrice Hall.


Kira